Cris Romagosa

memoria en los huesos

llegué a casa, recogiendo las migas que fui dejando por el camino.

No es una vuelta al pasado, y a la vez es algo más que el presente.

Es el encuentro de dos universos, el de 1995 y el de este nuevo año que comienza.

Me topé contigo, y me invadió una dulzura que jamás había leído en esa mirada.

Creo que perdonarse sabe a miel.

Ayer, ese día de 1995 me dejaste anotado que María me trajo esta postal, de Grecia, porque sabías que un día lejano, mi memoria se iría haciendo mayor. Mis manos temblaron, y mis ojos reconozco, se enturbiaron tocados por ese mimo que desprendiste tan niña hacia un yo dolorido y mayor.

‘Me la dió María al volver de su viaje a Grecia’

Siempre resistida a la magia y sus divinas señales, he decidido rendirme a su brujería, y me desarmo, bajo los brazos, hundo los dedos en mi memoria, la de mis orígenes más aborígenes.

Y estoy flotando, buceando, ahonando, entre toda esa energía que una vez guardé para este yo que ahora existe. 

Casi como si una niña de 12 años prácticamente imperceptible para el planeta, había percibido cómo yo a mi medio camino, buscaría años y años después y ella me dejara preparadas las mantas, la comida y algunas pistas, que ahora encuentro sin buscarlas demasiado.

Todo me devuelve a casa. Todo se va conectando. Quizá estaba todo trazado? Siento por todo mi cuerpo, como si muy muy adentro, supiera cuál era el camino, pero cada verdad es dueña de su momento. 

Ahora abrazo este instante en el que no peso, no levito, pero no peso, como si fuera un momento en el que comparto una hoguera con esa niña que soñaba, hasta que muera el fuego y deba seguir mi ruta.

Qué premonitorias algunas de las cosas que se anticipan a la realidad.

Ilustración personal para Kireei

Dicen que el cuerpo tiene memoria, pero… puede la memoria cobrar vida en el alma y manifestarse, conectándose a mí a través de migas de pan, de notas, de sensaciones?

Sigo absorbiendo las energías de las mujeres de mi vida, mi abuela, más musa casi que mujer, y mi madre, el corazón abierto que siempre me arropa dentro. Matildes de mi alma.

Y más…


Matilde, Cris y Matilde

Crecer entre Matildes, es lo más bonito que he tenido.


Prometo devolverme unas anillas para colgarme de los árboles, de nuevo.



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