Cris Romagosa

la vida se hace silencio

Se abre paso la vida, en silencio, en un pulsar, en una contracción, sin que erupcionen volcanes ni la Tierra se rompa en sismas. Brota de la piel, de los huesos, del corazón, el movimiento que permanece en la vida, y en la muerte, en cada rincón pequeño. 

En los bosques no dejo de sentir algo que me conecta a mis entrañas, entre las costillas, más allá de la piel y los huesos, algo que palpa cada célula de mí. 

Hoy, imagino que nacieron millones de vidas, también se fueron otras mil, pero hoy Coco, en un diminuto nido de ramas, en el rincón más humilde, alumbró, en su soledad, tres vidas, y me llora el alma, el corazón, porque su fortaleza, me conmueve. Lo ha hecho desde el día que la conocí. Ella, salvaje, de pertenencia a la tierra y a sus bosques, con cada sol, cada luna, yo aprendía de ella, y hoy, me conmovió, caí en mis rodillas, abrazando su enormidad: Coco, lo hiciste, eres mamá, y eres increíble. No que parir sea algo que te haga increíble, sino, esa fuerza de rendirse a la vida y al cuerpo, y confiar. Como hoy mientras llovía, diluviaba y granizaba, ella, exhausta y dolorida, cubría con su cuerpo las vidas de sus pequeños. Esa fuerza, esa naturaleza salvaje y cruel que hace cederse a lo que viene, en lo bueno y en lo malo, pertenecer a esa entrega, a ese ciclo, en el que las raíces se regeneran, se agarran y se sueltan. Ser tierra bajo las estrellas, bajo relámpagos y soles, sin que ello importe. 

Hoy me conmueve la vida. Durante mucho tiempo he sentido la no-vida en mí. El silencio en las emociones, vivir sin más que avanzar en los días, con la palabra duelo en la lengua. Hoy sentí el silencio de la VIDA, cómo si mis raíces se extendieran más allá de mis pies y mis manos, enlazando otros pulsos, otros sueños, otro respirar. Me doy a la vida que sucede en el límite de los abrazos. Permanecí de pie en el bosque, mientras la luz se hacía con las sombras, mientras Coco se rendía a sus pequeños entre ramas y tierra, y sentí, algo se rompió en mí, y me hizo respirar más hondo. Les rezo que cuiden de la nueva familia.


Recolecté tesoros, que me harán recordar este día, estas emociones tan crudas, tan reales, tan vivas. Me senté bajo una encina a acompañar a Coco, y recogí bellotas, ramas y flores que acogían ese pequeño paraíso alumbrante. Me rodeo de pequeños mapas que dibujan la esencia de mi memoria, los tesoros son como pequeñas constelaciones que si las resigues, conducen a la memoria más real.








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