crisromagosa

my wild cabin - ese no lugar

Habitar tu escondite, hacer real el universo que ata la cordura y desatarla entre cuatro paredes y grandes cristaleras. Tengo la inmensa suerte de poderlo hacer.

Y tejer. La vida me ha ido pidiendo un buen colchón dónde caer sin hacerme demasiado daño. 

Literalmente, fui arrancando del suelo viejas y muy deterioradas capas de años y naturaleza salvaje, para descubrir algo que se revelaba ante mí. Desprendiéndome de años de pesada incomprensión, de lucha, de negación, de pesos dolorosos que polvorientos sólo ocupan un lugar preciado. De las pocas ocasiones en la vida, donde mis entrañas me pidieron a gritos que ese lugar abandonado y conquistado por la rebeldía descontrolada, debía desvelarlo. Ante las miradas y mofas de muchos, persistí, y fui recuperando lo que una vez había sido, bello. Lo que antiguamente servía para las gallinas, y más tarde fue un pequeño apartamento y hoy era hogar de ratas, ratones y dragones. Hoy, aún lo es, porqué lo compartimos, no me importa, ellos tendrán un techo, unas maderas y lanas si lo necesitan. Así es mi wild cabin, es salvaje, en su significado más noble, honesto y sencillo.  

Los cristales de este pequeño refugio son grandes ventanas que se han abierto tras robustos muros de piedra. Como si tras ellos, una vez los desgarros se tornan leves, esos muros se desfragmentaran dando así paso a la luz, luz que se da en el escondite. Madriguera para los que el mundo es demasiado grande y grave.

Y tejiendo, también voy hilando mis entrañas. Han sido tiempos de coser cicatrices, de despedirse de ganas viscerales, mucho más allá de bisturíes y terapias. 

Se cierran eras de vientres y nidos, pero se tejen nuevos. Mis ganas y yo, estamos trabajando duro en volver a nacer. Traer todo aquello que quedó guardado en el desván. 

Andamos despertando las bandas sonoras que duermen en cajas. Aquí empiezan a sonar fuerte, y vamos a plantarles unas raíces para que se agarren con fuerza a mi nuevo jardín.

Del duelo al vuelo. De ahí nace mi no lugar. De mí.

Donde nadie me ve.




memoria en los huesos

llegué a casa, recogiendo las migas que fui dejando por el camino.

No es una vuelta al pasado, y a la vez es algo más que el presente.

Es el encuentro de dos universos, el de 1995 y el de este nuevo año que comienza.

Me topé contigo, y me invadió una dulzura que jamás había leído en esa mirada.

Creo que perdonarse sabe a miel.

Ayer, ese día de 1995 me dejaste anotado que María me trajo esta postal, de Grecia, porque sabías que un día lejano, mi memoria se iría haciendo mayor. Mis manos temblaron, y mis ojos reconozco, se enturbiaron tocados por ese mimo que desprendiste tan niña hacia un yo dolorido y mayor.

‘Me la dió María al volver de su viaje a Grecia’

Siempre resistida a la magia y sus divinas señales, he decidido rendirme a su brujería, y me desarmo, bajo los brazos, hundo los dedos en mi memoria, la de mis orígenes más aborígenes.

Y estoy flotando, buceando, ahonando, entre toda esa energía que una vez guardé para este yo que ahora existe. 

Casi como si una niña de 12 años prácticamente imperceptible para el planeta, había percibido cómo yo a mi medio camino, buscaría años y años después y ella me dejara preparadas las mantas, la comida y algunas pistas, que ahora encuentro sin buscarlas demasiado.

Todo me devuelve a casa. Todo se va conectando. Quizá estaba todo trazado? Siento por todo mi cuerpo, como si muy muy adentro, supiera cuál era el camino, pero cada verdad es dueña de su momento. 

Ahora abrazo este instante en el que no peso, no levito, pero no peso, como si fuera un momento en el que comparto una hoguera con esa niña que soñaba, hasta que muera el fuego y deba seguir mi ruta.

Qué premonitorias algunas de las cosas que se anticipan a la realidad.

Ilustración personal para Kireei

Dicen que el cuerpo tiene memoria, pero… puede la memoria cobrar vida en el alma y manifestarse, conectándose a mí a través de migas de pan, de notas, de sensaciones?

Sigo absorbiendo las energías de las mujeres de mi vida, mi abuela, más musa casi que mujer, y mi madre, el corazón abierto que siempre me arropa dentro. Matildes de mi alma.

Y más…


Matilde, Cris y Matilde

Crecer entre Matildes, es lo más bonito que he tenido.


Prometo devolverme unas anillas para colgarme de los árboles, de nuevo.




Using Format